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“El CCEE es espectacular! Es un centro de convenciones del que el país debe sentirse orgulloso!” Marjorie Espinosa, Publipromueve “Resalto la apertura mostrada para facilitar con agilidad y amabilidad cualquier pedido que se realiza, esto desde el personal administrativo hasta el personal de limpieza y seguridad” Karina Castro, Responsable de Comunicación, Salud de Altura “En cuanto a la limpieza, todo impecable, y las personas de seguridad están siempre presentes y son muy amables” Luis Guzmán García, MCA Eventos “Quiero agradecer por el servicio brindado por parte del Centro de Convenciones Eugenio Espejo. Todo estuvo excelente; sigan adelante!” Raúl Cobo, Jefe de Recursos Humanos, Constructora Naranjo Ordóñez “Nuestros clientes lo calificaron de todo un éxito” Moisés Escobar, Gerente Comercial Regional, TELCONET S.A. “Todo estuvo súper bien, todos los servicios excelentes, limpieza, seguridad, la atención antes y durante el evento y los equipos funcionaron muy bien. Agradezco por todo, y estaremos promocionando al Centro de Convenciones para nuestros próximos eventos” Andrea Vintimilla, Wedding Concept |
Reseña Histórica
El gran impacto que la transformación política de 1895 produce sobre la mentalidad social de la época, permite observar cómo el fenómeno de la Revolución Liberal coadyuvó al desarrollo global de la sociedad ecuatoriana, especialmente en el campo de la medicina, y así nace la preocupación por construir un nuevo hospital civil en la capital para que sustituya al colonial y avejentado hospital San Juan de Dios y para que trasmita esa renovada mentalidad a los ámbitos de la salud y la higiene social. Se puede afirmar que el nuevo hospital fue el resultado de un nuevo pensamiento que se afianzó en el primer lustro del siglo XX, justo en un momento de ruptura en el desarrollo de la medicina social y científica, y de evolución de las manifestaciones arquitectónicas nacionales. Así pues, el solar para la construcción se adquirió en 1898, al norte de la ciudad de Quito, “en un lugar en que los expertos en salubridad habían indicado” se trataba de la quinta “San Miguelito”, de propiedad de los señores Buenaventura Malo y Valentina Germán, adquirida al precio de S/. 10728.70. La construcción del hospital se inicio oficialmente en 1901, los planos fueron hechos un año después por el arquitecto Francis Schmidt. La magnitud del proyecto fue tal que se hizo necesario ampliar las dimensiones del terreno comprando a la señora Francisca Andrade y al señor Benjamín Piedra algunas cuadras contiguas al hospital por la parte posterior, eso hasta 1907, año en que se suspendió la construcción por falta de recursos. La construcción se reinició en 1917, la Junta logró, a través de diferentes mecanismos económicos, financiar parte de la obra que, a pesar de todo (entre ese año y 1933), sufrió constantes paralizaciones y retrasos. Con base en el informe de una comisión compuesta por los miembros más destacados de la Facultad de Medicina (Mariano Peñaherrera, Ricardo Villavicencio, Francisco Cousin, Isidro Ayora, Francisco Martínez Serrano y Manuel María Cazares), el programa de la construcción contempló no sólo el sitio exacto en que debía emplazarse sino también el número de dependencias a construirse, los materiales de construcción, el costo de la obra e inclusive su organización constructiva o de ejecución, y se contemplaba también un concurso de formación de planos. La junta optó por contratar directamente al arquitecto Augusto Ridder para el diseño de los mismos. Este edificio de extraordinaria claridad y racionalismo en la distribución, afirman los estudiosos que fue erigido dentro del gusto neoclásico. En este sentido, Ridder, seguramente inspirado en los modelos franceses, logró crear una arquitectura funcional simple en sus líneas, en la que lo artístico quedó subordinado a lo utilitario. Empleando además profusamente los nuevos materiales de construcción (vidrios, acero, hormigón armado, y otros), se incluyó la idea de que el hospital fue edificado en una breve colina, con gran sentido de la escenografía. De entre varios de los edificios y pabellones distribuidos de forma extraordinariamente orgánica y simétrica se van estructurando los pabellones de enfermos en sentido horizontal, tres hacia su derecha y tres a su izquierda, y la capilla en la mitad con frente al edificio principal, todo con criterio auténticamente neoclásico. En 1926 se estaba ya construyendo el pabellón de cirugía y se le pide a Ridder diseñar los planos de la capilla, al mismo tiempo que se comienza con la construcción del pabellón N° 6. Este pabellón y la capilla se concluyeron en 1929. Atendiendo parcialmente las instrucciones del grupo de médicos que recomendaron la construcción de 12 pabellones, Ridder realizó el proyecto con sólo seis pabellones: el de administración, seis para enfermos (donde lo más importante fue la asimilación de los órdenes de las columnas), el de cirugía y arsenal quirúrgico, capilla y morgue, de entre los cuales el bloque administrativo se constituye hasta ahora en el eje de la organización espacial. |







“La infraestructura como volumen arquitectónico y de recuperación fue permanentemente alabada… El espacio, equipos y personal humano coadyuvaron a que el evento BAQ 2008 sea un éxito en sus diferentes actividades.”
Arquitecto Gorqui Burgos, coordinador general de la Bienal Panamericana de Arquitectura BAQ 2008